Cuando dos novios suben al altar para comprometerse como esposos toda la vida, no se les ocurre pensar sino que serán muy felices toda ella; pero los de las bancas de atrás suelen pensar de diferente manera.
Hay algunos que piensan: ‘Ojalá no les vaya tan mal como nos ha ido a nosotros’; alguien piensa, ‘que les vaya mejor’; los más optimistas, ‘a ver si les va tan bien como a nosotros’; y no faltan quienes miran a los recién casados como candidatos a una próxima e irremediable separación; dicen y piensan: ‘sí, hoy muy contentos y felices, pero ya veremos mañana qué es lo que sucede’.
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